agosto 31, 2008

Remoja tus labios con Whisky...




El viernes por la noche empezó a llover a mitad de nuestro banquete de fin de semana, era el cielo llorando de la risa por el gesto que Julz hizo para que Reno no se enojara también con él por haber empezado a comer antes de tiempo.

Primero estuvimos cubriéndonos del agua bajo unas escaleras que me sirvieron de mingitorio un par de veces esa misma noche, pero la estructura no cubría lo suficiente al grupo, por lo que decidieron meterse al cuarto de Diego. Chava y yo nos quedamos en el mismo lugar, tomando whisky directo de la botella y platicando de las criaturas blancas y hediondas que a veces le salen a uno de la garganta. Terminamos los cigarros y nos unimos al grupo. Dentro del cuarto volvimos a encadenarnos al youtube y su mundo de fenómenos.

Debiste de haber visto a casi toda mi pandilla, primero cubriéndose de las carcajadas del cielo y luego en una misma recámara, la recámara de Diego, donde tantas veces hemos despertado con la boca llena de heces de changos imaginarios. Creo que está en video…

El sábado me compré un saco café con parches en los codos, me costó $100. Hubiérame costado $150 pero Silvana es hábil con eso de regatear... cada vez que le decían un precio reaccionaba con sorpresa “¿Cómo? ¿Ciento cincuenta pesos?!!!”. Era gracioso ver como los vendedores intentaban mantenerse en pie. Compré también algo para Diana, para que me recuerde mientras esté viva… espero que algún día se lo enseñe a sus hijos y a los hijos de sus hijos, sentada en la mecedora hecha con la madera del último árbol del mundo.

En la noche, Omar, Julio, Marcela, Diego y no recuerdo si su nombre era Viridiana, pasamos toda la noche en la cima de una de las montañas de nuestra ciudad. Hablamos de los iluminados, los que desaparecen para siempre, las sorpresas de ir al baño, el trabajo, los que nunca saben nada, la mansión en la cima de otra montaña, los ojos de Marcela, un futuro departamento, el pasado, las chicas que se enojan por que les das nalgadas, los Papipaloozas, los partos de Diego y de que Omar y yo éramos perros en la pastorela de la secundaria.

Todos fueron muriendo, uno por uno. Solo Marcela, Omar y yo abrazamos al sol y descubrimos que en ese barrio habitan varios integrantes de una secta que viste de blanco y usan botas negras y largas y salen temprano a torturar a las que antes eran minorías. Cuando Marcela cayó dormida, Omar y yo tratábamos de saber en que parte de la ciudad estábamos… terminamos nuestra cocacalienteconaguaywhisky y nos metimos a comer doritos nacho y jugar al playstation 3.

3 comentarios:

Diana dijo...

olipipi

como dice lilia

"2 palabras be-so!!!"

:P

Jonathan dijo...

gracias...las recuerdo bien.

tengo ganas de ser un niño, de empezar de nuevo, de estar en ese elevador y soñar en priscila (como en preparatoria, a los 16 años) como lo hacía en ese entonces y no ahora que no pienso en nada: viejo a los 22 años, sin una mujer con gracia en el cerebro, enfermo todos los sábados y sin ningún éxito que le diga "valió la pena tanto esfuerzo".


yo también te quiero


Saludos

Miss Cat dijo...

siempre diviertiéndose de lo lindo!

saludos oli!